Por: Carolina Melgar
Psicorerapeuta
Instituto Interlunio
Si pensamos en conflictos, dolores o sufrimiento, es alentador imaginar que nacemos como una hoja en blanco, sin embargo, lo cierto es que la herencia es un hecho biológico y social, explicado por la genética, antropología, sociología y la psicología, entre otras disciplinas. Si consideramos que en esa herencia está el color de nuestros ojos, el colocho o liso del pelo, esa habilidad para correr, nadar, bailar… entonces no resulta tan desalentador sabernos herederos y herederas. La herencia permite la existencia y la continuidad de las especies. Comprender la herencia es conocernos individual y socialmente mejor, lo que aumenta nuestra capacidad de agencia.
Entonces, así como llevamos eso que nos hace ser quienes somos en el mejor de los sentidos, es un hecho que tenemos en nosotros y nosotras, huellas de la vida de quienes nos antecedieron. El estrés, la violencia, la falta de amor y cuidado, por decir algo, dejan marcas en el cuerpo y en la forma en que aprendemos a vincularnos. Esas huellas se transmiten biológicamente y también a través de los patrones familiares, conscientes o inconscientes. Los patrones conscientes pueden ser, por ejemplo, valores religiosos, éticos, culturales o políticos “En esta familia ayudamos al prójimo”, “En esta familia somos de derecha”.
Por otro lado, los patrones inconscientes, son los que aparecen como síntomas de un funcionamiento sistémico. Para comprenderlo mejor, veamos el caso de una persona con alcoholismo. Por un lado, hay evidencia de la predisposición genética a la adicción, está en nuestro organismo, el padre, la madre, un abuelo, un tío puede haberlo padecido también. Las Constelaciones Familiares, en este caso, nos explican que en el inconsciente familiar, con seguridad, hay un conflicto o un desorden que genera el padecimiento en uno o más miembros del sistema. La teoría de sistemas establece que hay leyes que rigen el correcto funcionamiento de los grupos. Bert Hellinger, quien propone el método de Constelaciones Familiares, estudió, comprendió estas leyes y las llamó Órdenes del Amor. Explicó que para que en un sistema humano fluya con facilidad el amor, la salud y todas las herencias empoderantes, es necesario que se observe el cumplimento de 3 leyes: La pertenencia, el orden y jerarquía y el equilibrio entre dar y tomar. Así en el alcoholismo de un miembro del sistema puede estar expresado un conflicto acontecido en la generación de los padres, abuelos u otros ancestros anteriores.
Las Constelaciones Familiares nos dicen que lo que no se nombra, lo que se excluye o se guarda en silencio, busca expresarse en las siguientes generaciones. Así, sin darnos cuenta, repetimos una adicción, emociones, destinos o heridas que no son del todo nuestras.
Tanto la neurociencia como el enfoque sistémico y transgeneracional de las Constelaciones Familiares coinciden en algo: lo que no se mira, se repite. Y cuando lo reconocemos, abrimos la puerta para sanarnos y así también contribuimos a la salud de nuestra familia, dejando una herencia llena de recursos para quienes vienen después.
