Por: Ana Carolina Melgar

Finalizar el año puede ser profundamente simbólico, puede ser un buen momento para hacer una pausa y desde aquí mirar el camino recorrido, ojalá con honestidad, curiosidad y ternura. En psicología, especialmente desde los enfoques integrativos, podemos decir que estos momentos de transición nos ofrecen una oportunidad valiosa para integrar experiencias. 

Imaginemos que somos caminantes y que podemos detenernos aquí y ahora, mirar atrás y observar los tramos difíciles, aquellos que quizá nos exigieron más de lo que pensábamos posible, y también esos otros tramos simples, placenteros o incluso sorprendentes. Por un momento observemos también con la misma atención y curiosidad a la caminante o al caminante que llega hasta aquí. 

¿Cómo se siente el cuerpo de alguien que ha andado largos trayectos?
Quizá llegas con el cansancio legítimo de quien ha sostenido mucho. Tal vez aparece para ti una mezcla de satisfacción, alivio, alguna herida, un músculo más fuerte, o incluso una sed profunda de algo todavía no nombrado.

¿Y cómo se siente el corazón de esa caminante, de ese caminante?
Un corazón que quizá ha sido testigo de atardeceres hermosos, pero también de tormentas inesperadas o de noches tan oscuras que por momentos hicieron dudar del amanecer. ¿Cómo se quedaron en tu corazón los encuentros y desencuentros en la ruta? 

Si ese caminante llega sucio, sucio, prepárale un baño tibio.
Si llega herida, herido, ofrécele medicina.
Si llega cansada o agobiada, prepárale una hamaca para descansar.
Y si llega contenta, contento, lleno de vida, pon la mesa y haz una fiesta, habrá mucho que celebrar. 

Esta metáfora no es solo poesía, es una manera de desarrollar una presencia terapéutica interna que permita la autorregulación, esa capacidad que tenemos de reconectar con la calma y el bienestar a través de nuestros propios recursos.

Acompañar la necesidad del caminante que llega, de ese caminante que soy yo, que eres tú, es darle permiso para descansar, recuperarse y recordar el sentido de sus pasos. Cuando puedo asentir a la que fue, a lo que es, sin juicio y con compasión, también me preparo para continuar. Cuando honro lo que funcionó y lo que aprendí, entonces mis aprendizajes me ofrecen un camino más consciente y amable. 

Podemos finalizar este 2025 y acercarnos al 2026 desde un lugar más integrado, suave y compasivo. No se trata de olvidar, se trata de integrar para que el camino por delante encuentre en nosotros un corazón disponible y un cuerpo en sintonía.

Que este cierre de año sea, entonces, un acto de encuentro interior, un descanso, una ofrenda. Que sea un recordatorio de que somos caminantes y merecemos un sitio para descansar, cuidado y ternura para continuar este viaje.

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