Amor en tiempos difíciles Carolina Melgar psicologia

Por: Carolina Melgar

Celebrar el amor en medio de una humanidad que se desangra exige un enorme trabajo interior para recogernos de la desesperanza y la tristeza profunda. ¿Qué amor celebramos cuando la muerte parece estar a la vuelta de la esquina? En Guatemala, el crimen organizado asesina policías y amedrenta a la sociedad mientras intenta enquistarse en un Estado que agoniza. En América Latina, familias y comunidades enteras lloran la persecución y la muerte en el llamado “país de los sueños”. Territorios irrespetados por quienes se creen dioses, junto a seguidores que sostienen esa violencia.

¿Qué amor es posible en este contexto?

¿Por qué hablar de amor en un mundo atravesado por el caos político y social? El odio está tan a la mano. ¿Cómo no odiar cuando los rostros de la crueldad se repiten en las pantallas?

Y, sin embargo, desde horizontes muy distintos, muchas tradiciones humanas han situado el amor como una respuesta profunda frente al sufrimiento, el odio y la violencia. El cristianismo nombra un amor que alcanza incluso al enemigo, capaz de romper la cadena del daño mediante el perdón; el budismo cultiva la compasión consciente hacia todos los seres que comparten la experiencia del dolor; el judaísmo lo encarna como responsabilidad ética concreta hacia el prójimo y como defensa activa de la vida. Incluso las perspectivas no religiosas, desde un humanismo laico, reconocen el amor como empatía, cuidado y defensa de la dignidad humana.

En todos estos marcos, el amor no se reduce a una emoción placentera: es un camino y una forma de estar en relación que reconoce nuestra profunda interconexión. La muerte y el daño de una persona no son ajenos; nos afectan como humanidad. La vida de ese otro, de esa otra, importa tanto como la propia.

Hablar de amor hoy, desde una perspectiva integrativa y transpersonal, no es ingenuidad: es una urgencia. Necesitamos dejar de promover el amor romántico, decorado de clichés y estereotipos, y abrir espacio a un amor que no se compra, que no compite, que no se negocia. Un amor compasivo y comprometido, capaz de sostenerse frente al horror de estos días amargos. Vínculos y relaciones marcados por un amor auténtico son formas concretas de resistencia.

Ese amor no es ciego. No evade la oscuridad ni cierra los ojos ante la injusticia: la atraviesa, la nombra y la transforma. Es un llamado a mantenernos presentes y en acción, reconociendo el dolor sin renunciar a la dignidad y a la esperanza. Hablar de amor hoy es desafiar el cinismo, rechazar la indiferencia y abrir espacios de encuentro y solidaridad, como la llama persistente de una humanidad que, pese a todo, sigue viva.

Hagámoslo juntas y juntos, desde la conciencia y el coraje.

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