Por: Carolina Melgar

En Constelaciones Familiares se suele escuchar la frase “la prosperidad tiene rostro de mamá.” No es una frase literal de Bert Hellinger, sino una afirmación que consteladores y consteladoras han acuñado para expresar que la prosperidad está vinculada con la manera en que tomamos la vida. Y la vida viene de la madre. Hellinger fue enfático en que tomar a la madre es tomar la vida, y que cuando este movimiento está interrumpido, también puede verse afectada nuestra fuerza para avanzar. No se trata solamente de dinero, sino de un movimiento más profundo: poder asentir a la vida tal como vino y tomarla plenamente.

Hellinger usaba frases como “te tomo como mi madre” o “tomo lo que viene de ti” como movimientos internos que crean orden. Tomar a la madre, en este sentido, no significa tener una relación cercana con ella, ni negar el dolor, la ausencia o incluso la violencia que pudo haber existido. Significa reconocer el origen tal como fue, por supuesto esto también nos permite sanar los dolores que esto implica. De ese reconocimiento puede venir una fuerza profunda para estar en la vida con más seguridad y confianza. Cuando se toma a la madre, se toma también la fuerza para ir hacia el mundo, crear, trabajar y hacer algo con lo que viene a nosotros.

En las constelaciones familiares, “tomar a mamá” significa una actitud interna de aceptación hacia la madre tal como es, reconociendo que de ella viene la vida. No implica justificar lo que haya dolido ni forzar cercanía, sino dejar de resistirse, soltar expectativas de cambio y ubicarse en el lugar de hija/o; además, no requiere estar físicamente cerca si no es posible, no es sano o si ella ya no está viva. Desde esta mirada, aceptar a la madre se asocia con una mayor capacidad de fluir con la vida, los vínculos y los propios proyectos.

Desde esta comprensión, la prosperidad puede pensarse como una consecuencia de ese movimiento de tomar. No como premio moral, sino como expresión de una mayor disponibilidad para la vida. Cuando alguien está más reconciliado con su origen, puede mirar su presente y su futuro con menos obstáculos internos, sostener proyectos con más fuerza y avanzar con menos enredo con la culpa o la carencia.

A veces lo que parece un problema de disciplina, suerte o estrategia puede estar mostrando otra cosa: dificultades para sostener lo propio, miedo a crecer, lealtades invisibles frente al éxito, culpa por ir más lejos que otros en la familia, o una relación interrumpida con tomar plenamente la vida. Mirar estos movimientos no es buscar explicaciones rígidas, sino abrir preguntas profundas sobre aquello que podría estar limitando nuestra fuerza.

Si hay proyectos que no logran sostenerse, si la fluidez económica se interrumpe una y otra vez, o si el éxito genera más tensión que expansión, quizá valga la pena mirar más hondo. ¿Qué estoy dejando de tomar? ¿Qué me cuesta sostener? ¿Dónde aparece culpa, temor o fidelidad inconsciente cuando me acerco al crecimiento? A veces, revisar la relación con el origen ilumina también lo que hoy obstaculiza prosperar.

Por eso, simbólicamente, puede decirse que la prosperidad tiene rostro de mamá. No porque la madre “cause” directamente la abundancia, sino porque en la relación con el origen puede jugarse algo esencial de nuestra capacidad para tomar la vida, sostener lo que construimos y hacerla florecer.

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